Villeras de Plástico
Año 2002, aproximadamente. Fue fácil meterme en el periodismo de rock teniendo a mi lado bandas como San Antonio, Kevin o Mazinger. Todos estos grupos, prólogos y actual estructura del indie platense, podían ser muy difíciles de escuchar para quien no tuviera el oído entrenado. También eran el sueño cumplido para quien quisiera retratar lo más novedoso del under y la música independiente de vanguardia. Por entonces yo iniciaba la edición de Hank, un fanzine que cada tanto venía con un compilado. Difundir la hermosa música que se estaba oxidando en los discos rígidos de mis amigos era mi misión en la vida por entonces. Para explicar exageradamente mis sensaciones del momento escribí:
“Vas a la casa de un pibe y te dice que grabó un tema. Entonces pone Creep. Le decis « genial chabon, tenes que editarlo». El pibe se llamaba Thom Yorke. “
Aun hoy conservo en algún lugar de mi desordenada habitación un flyer fotocopiado que anunciaba una fecha de San Antonio en la pizzería Pipoka, con un dibujo de los Gobots anunciando la fecha. Y una entrevista impresa en punto matriz a Gato (hoy cantante de 107 Faunos) , “el guitarrista de Mazinger”, donde le preguntaba cual era el mejor recital al que había asistido en su vida y el contestaba: “una noche soñé que tocaba Sonic Youth en calle 12”.
Retratar todo ese festín de post punk cabeza era muy divertido. Cuando internet aún estaba difícil, encontrar muchachos de 18, 19 o 20 años amantes de los Buzzcocks, Malkmus, Nick Drake y la Velvet era simplemente increíble, tanto para mí, como para mucha gente del interior que venía y comenzaba a adentrarse en ese mundo “alternativo”, que hasta entonces solo se había vislumbrado gracias a grupos como El otro yo. Todo eso me emocionó y facilitó las cosas a la hora de lanzar un compilado. En los años sucesivos la cosa fue creciendo, y seguí editando discos. Yo no era músico. Mi super poder consistía en encontrar cosas bellas, editarlas, difundirlas y ser vanagloriado por eso. Tenía olfato y buen gusto.
Me sentía testigo de una revolución, una en la que nadie confiaba. Eso la hacía más excitante. La distorsión era demasiada para todos los periodistas de rock platense, que aún reverenciaban a Mr. America y otros dinosaurios. Lentamente, el llamado “indie platense” comenzó a consagrarse. La corona pertenecía a una nueva generación que, como el punk, venía a destruir los modos lentos y progresivos de la anterior.
Como era un adicto a la novedad, tenía que encontrar rápido lo que empezaba a convertirse en masivo (en el under). Todas las bandas se iban convirtiendo en indies y comenzaban a copiar a los grupos de mis amigos. Eso me cansaba un poco.
Como “gran descubridor”, me había propuesto encontrar incuso las bandas que sucedieran la gran movida del indie (lo cual no hizo falta, pues todo ese asunto duró hasta nuestros días). Muchos de los otros grupos que prometían se habían separado o no podían durar. El semillero refritaba lo que hacían algunos consagrados.
Ahí apareció el mas irreverente de los grupos que yo recuerde: Villeras de Plástico. Lo lideraba un tal Pablito Tomasín, un pibe casi raquítico y moderadamente andrógino que había tocado con Punga (por entonces Javier, de San Antonio) y el Ostra (También de San Antonio, hoy en Good Time for Dynacom ) Junto a él estaba el guitarrista Felix Sisti, hermano menor del guitarrista de Mazinger (hoy Faunos), una chica muy guapa y esquiva llamada Florencia, un bajista llamado Fela (compañero de escuela de Felix, que había tenido una banda llamada KGB) y una baterista intelectual – casi nerd- llamada Leticia, que tiempo después inventó la electrónica platense junto a Sabat y las fiestas Love. Las Villeras de Plastico hacían punk cabeza, tenían espíritu y porte inglés, muy basado en la fórmula Stooges.
Jornadas brainstormers de pégamento, documentales de los Pistols, películas de Godart, lecturas en voz alta de Faulkner y Bukowski y empachos de Jodorowski en VHS nutrían la “casa de crack” donde ensayaban, y a veces, intentaban filmar alguna película (Pablito, su cantante, estudiaba cine).
Recuerdo un recital algo violento en el que su cantante comenzó a insultar al público y a sus compañeros de grupos, previa orgia cervezal en un kiosco. El lider oriundo de Urdanpilleta (pueblito de Entre Rios) tiraba cerveza a la gente, también sus instrumentos, y hasta molestaba a sus fanáticas, chicas hipster muy bonitas, haciéndoles el gesto de “looser” o gritándoles “nerd” en la cara. Muy metido en la fórmula Viciuos, todo indicaba que algún día despertaría lleno de sangre en un hotel, con el cadáver de una novia al lado.
Muy opuesto al mainstream y a todo lo que fuera largo, hacían sus flyers con fibra sobre hojas de carpeta cortadas con la mano, cinco minutos antes de salir a repartirlos. Aún conservo uno muy gracioso que tenía un mapa de un terreno baldío y decía: “En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, y en 49 entre 4 y 5: Villeras de Plástico. Gratis.”
Nunca supe muy bien porque terminó la banda, pero sus fórmas no prometían durar mucho. Por lo que recuerdo, dentro del grupo había dos ideas musicales que nunca terminaron de consolidarse.
Si mal no recuerdo, al tiempo Pablito se puso de novio y formó Ana y Johnny junto a su chica, Anabella. Grabaron un disco de folk de prestados en una iglesia evangelista y se fueron a vivir al sur. Felix se metió en los Faunos y el resto es historia conocida (al menos por los que pueden estar leyendo esto). En 2009 Pablito volvió a Buenos Aires y tocó cerca de dos meses en Valentín y los Volcanes. Al poco tiempo se fue con su novia a vivir al norte.
Entre todo eso, las Villeras llegaron a grabar un tema llamado “American Airlines” que se perdió durante años hasta que en 2010, su baterista Leticia lo recupero de una vieja casilla de correos y pude publicarlo en el ultimo compilado de bandas que edité en la última edición de mi fanzine, justo antes de empezar a escribir para los grandes medios.
Para recordar al grupo reproduciré un reportaje hecho a su cantante y publicado en La revista de Hank en el 2003.
Pablito, cantante de Villeras de plástico: “No salimos con chicas que pesen mas que nosotros”
1-¿Que significa el nombre de la banda? ¿No creen que es un tanto provocador considerando la crisis que vivimos actualmente?
Estudio trabajo social. Me siento enteramente comprometido con la situación de las villas en Argentina. De ahí nuestro nombre, de ver que hay pibes que aspiran tolueno y odian la cumbia, que toman Palermo con lavandina y juntan objetos coloridos de la basura. Los únicos que se enojan con eso, son los que odian que les revisen la basura
2-¿Es posible la revolución?
La única revolución en la que creemos es en la que propone Revlon con sus productos.
3-Hablame de su música
Baterias mogólicas, guitarras fiat 600, un bajo molesto y un lobo hambriento aullando a la luna
4-¿Influencias? ¿Cinco bandas de La Plata?
Influencias : Himnos evangélicos y madres histéricas. Bandas: Vidrios rotos, Chicos Nada, la cumbia stoner y cualquier otra banda donde toque Franco Ruiz
5-¿Infancia?
Soy hijo de padres evangélicos, así que me crie con mucho amor. A los 12 me rompieron todos los dientes, por eso canto de espaldas. Debute a los 21. Me gustaba café Fashion hasta que entro el pelado ese que solo hablaba de vergas flácidas. Poné que no salimos con chicas que pesen más que nosotros.
6- ¿Alguien estudia ahí?
Yo trabajo social y el guitarrista historia, Flor trabaja en un bingo y la de la batería no, creo que no…
Federico Valenti
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