Atico

Cuatro amigos se juntaron en un ático; alguno llevó una letra, una línea, una protocanción, y sobre eso todos construyeron. Se dijeron muchas cosas intentando definirlos: que eran la avanzada post-punk platense, que su estilo era progresivo y que lo que hacían era rock existencial. Lo cierto es que enfrascarlos dentro de un género resulta, además de absurdo, sencillamente imposible; porque lo deforman y lo exceden hasta salirse.

Teo, Pablo, Agustín y Fran moldeaban sus canciones en verdadera comunión, sumando pequeños detalles de arreglos que se fundían sin dejar aristas para lo oídos. Quizás de ahí provenga esa variedad en las formas que hacen que en cada canción de Aticonada suene repetido pero no se pierda la  identidad. Y hasta en la formación de la banda podía verse esa desestructuración cuando en los recitales, tan versátiles como humildes, intercambiaban sus instrumentos para la siguiente interpretación.

Grabaron Autopistas (2006 -  Mandarinas Records), un EP de cuatro canciones, y Compañía (2007 -  Mandarinas Records-Laptra Discos),un disco de ocho. En cada una de ellas, con un bajo que suena firme y una batería precisa, llevan a climas de una profundidad y oscuridad que no asustan sino que atraen e invitan a un paseo con un teclado como luz guía, que por momentos se esconde en un colchón y le deja la proa a las guitarras, que toman la delantera en el momento exacto dando la dirección hacia lugares de mayor tranquilidad.

Las letras no pierden espacio frente a lo musical; se encuentran en el punto de equilibrio en la filosa cornisa que separa lo escueto de lo exagerado. Tienen lo genial de ser ciertas, hablan de la fascinación, de la partida, del destiempo y hasta de las identidades que se compran impresas en remeras.

Hace poco hablando con Teo me dijo algo así como que Atico no le gustaba a nadie cuando existía, por ahí porque la escucharon después. Y puede ser que intuitivamente percibiera una realidad que se dio para la banda a la que le ponía su voz. El apoyo del medio de difusión por antonomasia de las producciones locales, Radio Universidad, les valió el apodo de “los mimados de Jalil” (en alusión al coordinador de la emisora). Una vez desaparecida la banda, y con ello el prejuicio, muchos se dieron a la escucha de estas canciones que tenían todo para dejarnos boquiabiertos, y nos hace pensar que para Atico, como dice Teo con la voz más dulce en la ecléctica y bellísima Compañía, “pudo ser de otra manera”.


Ana Clara Amorín