Fire Squad
Por Emilio Fasciolo voz de Violenta Conmoción Emocional
Siempre fui un tipo recitalero, desde la escuela primaria, mi espíritu ávido de distorsión no decae. Eso tuvo mucho ke ke ver con el hecho ke no me sentía atraído en ir a lugares donde habia estar vestido de determinada forma y bailar “X” pasito o coreografía.
Mi manera de divertirme (aunke no siempre era eso lo ke buscaba o pretendía) estaba mas cerca de tipos sudados saltando como locos y aspirantes a músicos desconando parlantes ke de perfumes de discoteca. Asistía a los recis como si fuera a misa, o a cualkier reunión social.
Los motivos de la asistencia se conjugan en la afinidad personal y /o política, gusto musical y curiosidad experimental, aunke con esta última voy muerto porke exceptuando algunas perlitas el panorama se presenta chato, poco arriesgado con guetos de bandas ke se petean entre si y un público con picos históricos en los niveles de desmedido consumo pasivo.
El caso es ke este era un típico domingo, de esos en los ke uno se siente chocado y necesita una palmada en la espalda del mecánico amigo. Tocaba Fire Squad en el Viejo Variete, y un recital era todo lo ke haría falta para revertir la situación personal.
Llegué temprano, até la bici en la puerta y me fui a tomar un helado para acentuar aún mas el frío y la soledad de la noche.
Cuando volví la cosa era distinta.
El escuadrón emergió de las tinieblas de ese antro, poderoso e inmaculado, inundando con un rock letal a los pocos allí presentes. Creí ke era el momento adecuado, es más, hasta preparé mi cuerpo en posición de abrazo (ese ke tanto necesitaba): pero todo lo ke obtuve fue una muralla china musical. Sólida. En mi puta cara. No la podía atravesar. Me arrinconaron contra la pared.
Un Cafú rítmicamente loco de atar, un Cebolla consolidado, un Joel de una presición soviética, un Lucio de garganta acertadamente histérica y un Robertito maravilloso con una guitarra descalibrada ke era como ver al Diego hacer jueguitos con una pelota de golf.
Sí, ellos me llevaron a no más de 20 minutos de asfixia, no era exactamente lo ke estaba buscando, pero con el último acorde fue mi resurrección.
Kedé extasiado de energía, salí a la calle y estaba tan irradiante ke lo gris de la noche se había vuelto cómplice, con una picardía destellante. Desaté mi bici calladito, y contento, me fui sin saludar a nadie.
Dicen ke es la magia del rock, kienes creen en el.
Yo no sabría ke decirte… |