Peligrosos Gorriones en el hipódromo, en el evento que dio en llamarse LP Music
Tarde que anticipa el verano en la ciudad. Nos mojamos la nuca en el lavatorio, sacamos un par de envases y vamos caminando lento, buscando la sombra, para la zona del hipódromo. Una calurosa tarde platense como nos gusta, que deja palpar la llegada de diciembre con el olor a tilo y pólvora en el aire; sofocante, es cierto, pero que antecede a las mejores noches de vacaciones, con vecinos que sacan las sillas a la vereda para pasar el rato.
Es el primer día de tres de lo que será el LP Music, fecha que tiene como cabeza de grupo a Guasones, seguido de Estelares y los Gorriones, y que completa su grilla con El Mató, Bicicletas, Mostruo y Norma. A mí me llamó la atención la presencia de Bicicletas en ese cartel, tan de La Plata que venía todo, en una ataque de desconfianza algo xenófobo tal vez, un principio de ciudadanismo medio inevitable.
Igual llegamos tarde, por culpa de la cerveza como siempre, y nos perdimos las primeras bandas. Discusión con la mujer de la entrada, que saca a relucir la misoginia característica de la gente que rodea el mundo del rock. Pufff. Misoginia perceptible incluso en colaboradores de esta misma página web. No importa, ya logramos entrar. Acaba de terminar El Mató, una lástima, y se genera un bache. Parece que Bochatón está atorado en la autopista.
En los minutos que pasan a continuación, el paisaje cambia notoriamente. El calor aplastante se explica con la llegada de unas nubes gigantes que empiezan a descargar su lluvia sobre el público, primero de forma leve, luego con más intensidad. La gente se reorganiza, muchos huyen al techo de las gradas, y en seguida aparece la banda en el escenario.
Se la bancan. Eso ante todo. Arrancan con El mimo, igual que como abre Fuga.
El sonido algo enrarecido, todavía no se acomoda, ellos preguntan escépticos si se escucha bien. Temas del primer disco, como debe ser, que alcanzan su pico con Un ardiente beso y La mordida (por no mencionar los ya muy batallados Siempre acampa y Escafandra), generando un tierno pogo noventero de gente en cueros empujándose entre sí y riendo.
La lluvia se convierte ya en un hecho escandaloso. Sobre todo porque se ve caer con furia en escena, y los tipos de la organización corren con nylons improvisadísimos para tapar equipos y demás. A Coda (que, como Benjamin Button, parece rejuvenecer con el tiempo) le alcanzan una toalla para secar las cuerdas. Ahora, si la entrada costaba 90 pesos, podrían haber puesto un techo, mínimo. Entre el público se sienten risas nerviosas, una especie de sentimiento general de pánico a una catástrofe inminente.
Pero como dije, se la bancan a full. Se permiten una lista rara, que incorpora temas como Proyector de cine, Viento castelar, Continuo susto y Nuestros días.
A los lados del escenario, dos grandes pantallas de leds amplían la visión, o más bien la distorsionan: hay tanto espacio entre los puntos que parece un video de White Stripes (¡el de la animación hecha con Lego!). Bochatón parece armado con cuatro ladrillos.
Las letras me siguen sorprendiendo pese a haberlas repetido tantas veces. De pie entre la multitud, que ya empieza a desplegar banderas de los Guasones, no puedo evitar pensar en la genialidad de ciertas imágenes: “Las gallinas se ahorcan en el muelle, la infancia anda suelta anciana y crece, los perros se pudren en compota, los trenes se amputan de gangrena”. Finalmente se acerca alguien a hablarle al Bocha al oído. “Ultimos dos temas”, anuncian. El precio pagado por llegar tarde. Y dan por finalizado un recital que podría haberse extendido un poco más, si la grilla no hubiese sido tan rígida.
Nos alejamos del escenario y recorremos un poco el predio. Un stand de Phillip Morris, dotado de seis o siete promotoras, espera a alguien, opacado por la popularidad de la caseta de pizza en forma de cono. El “escenario chico”, donde tocaron Mostruo y Norma al inicio del día, yace abandonado y a oscuras. Si no iban a intercalar entre ambos, ¿por qué no los hicieron tocar a todos en el mismo y ya? El aspecto decadente de este mini Pepsi Music empieza a hacerme bajar. La lluvia paró por completo. Y con las melodías semi tangueras de Estelares sonando en el ambiente, nos vamos por diagonal 80, hacia el corazón del cuadrado.
Laura Suárez
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