El Mató a un policía motorizado

Mística magnética

Polarizadas noches de breves temporales parecen encontrar una calma momentánea en el radiante resplandor del día...
Miro en torno a mí y creo un metalenguaje, entre signos lingüísticos y gestos varios.

Lisérgicos soles me verán transcurrir el día, rayos de luz que colorean neuronas, que se sienten regocijados en alguna psiquis, que quizás en otro lugar no encuentren un espacio donde ser, donde sentirse cómodos; entonces comprendo... transpolar el sol por la luna, la vida por la muerte.

“Noche de los muertos; en la ciudad el infierno”. Tomo un poco de aire, escucho y repito en voz alta: “Noche de los muertos, en la ciudad el infierno…”

Esta noche realiza una de sus últimas presentaciones del año en la ciudad cuadrada El mató a un policía motorizado.

Luego de su anterior aparición por estos pagos, que fue gratuita, y convocó una heterogénea cantidad de gente en la plaza Islas Malvinas, hoy están de nuevo para mixturar la raíces del punk crudo con elementos varios del movimiento indie galáctico.

Cabe aclarar que, en este sentido, se paran un escalón más arriba que todas las bandas que giran en torno al circuito musical under. No sólo de La Plata, también del país. Esparciendo su próximo movimiento por países latinos y con breves pero intensas presentaciones en el viejo continente, enmarcados bajo el efecto alucinógeno y su estética minimalista siempre afectiva, enfilan su nave hacia nuevos horizontes.

En el marco del festival Primavera Sound en Barcelona, compartieron escenario con míticas bandas como Pavement y Pixies, además también de hacerse escuchar por The XX, Condo Fucks, Liquid Liquid, The Fall y Wire, entre otras.

Todos estos avatares se dieron en la gira del Nuevo magnetismo. El magnetismo es un fenómeno físico por el que los materiales ejercen fuerzas de atracción o repulsión sobre otros materiales. Hay algunos materiales conocidos que han presentado propiedades magnéticas detectables fácilmente. Todos los materiales son influidos, de mayor o menor forma, por la presencia de un campo magnético.

Esta definición para enmarcar su gira es en realidad muy certera, porque esto es lo que generan los pibes, que desde su trinchera en Barrio Jardín explotan con esa mística volátil y simple que tanto los caracteriza.

Introspección (drogósfera)

Retomando: la cita de los El mató para hoy es en el Ayuntamiento. Antes de salir de casa, que está a la vuelta del bar, me aseguro de tener mis dos cigarrillos de marihuana que siempre me acompañan.
Quizás alguna otra sustancia también es agradable tener, pero esta noche con esto solo me alcanza. Luego de colocarme un pañuelo colorado y azul para cubrirme el cuello me apresto la chamarra de pana y le doy dos jaladas más a una tuca, en la que la resina en combustión actúa como exquisito elixir y se pega en los dedos como brea.
Comienza el corto camino; un señor de largas barbas revisa la basura de la cuadra…

Cuéntame esa historia, mi señor Jesús.
Anarquía y descontrol en la celebración.
Muertos nuevos en tu mente, mi señor (…)
Detrás de una reja pintada de verde inglés, un hombre de gran contextura física y de carácter seco vende los tickets para el concierto; parece ser uno de los dueños del lugar.
-Buenas noches. ¿Cuánto sale la entrada?
-20 pesos.
-Ok viejo, ahí tenes 20.

El hombre no responde, pero no importa. Camino hacia la puerta de ingreso y observo: sentado en el cordón de la vereda un joven que vomita unos spaguettis con una bilis violeta, que al chocar con el asfalto produce un pequeño vapor que despide un olor repugnante en un radio bastante amplio. Es buen presagio: actitud punk en estado permanente.

Fenómeno Inmanente

El fenómeno del magnetismo es ejercido por un campo magnético; por ejemplo, una corriente eléctrica o un dipolo magnético crea un campo magnético. Este al girar imparte una fuerza magnética a otras partículas que están en el campo. El momento magnético general de un átomo es la suma neta de todos los momentos magnéticos de los electrones individuales.

Santiago Motorizado, alias “Chango”,y sus pares se arriman al escenario. Dentro del lugar el calor del ambiente se siente. Varios vasos de cerveza son vaciados en poco tiempo, pasta gargantera que necesita ser abastecida. Mientras el primer tema se torna en una zapada musical que sirve para terminar de acomodar algunos detalles del sonido, los músicos entran en clima, y los espectadores también. A un costado, las gotas de sudor que se deslizan por la amplia frente de un joven semicalvo son del tamaño de unas semillas de melón. Con 30º aproximadamente de temperatura ambiente, no es para menos. Sin dejar que la transpiración llegue a molestar su vista, seca su cabeza con un pañuelo de tela que luego guarda en el bolsillo trasero de su pantalón de vestir.

Voy a subir al techo a ver, admiraré el desastre,
bajo la luz de la luna gigante.
Ellos lloran abajo del árbol, arriba del árbol, detrás del árbol,
tuve miedo pero ya se fue.

Los pibes parecen volar sobre sus instrumentos por cada nota que hacen sonar. Doctora Muerte con su batería al frente parece llevar el ritmo: es como una mezcla casi perfecta entre la percusión cruda y la sincronización. El embate frontal de los palillos impulsados hacia los parches y platillos se une a la onda expansiva, aportando su dipolo magnético al momento.

Ahora estoy arriba de mi casa con un rifle,
ahora estoy arriba de mi casa con un rifle,
ahora estoy arriba de mi casa con un rifle,
ahora estoy arriba de mi casa con un rifle.

Como el disparo de un rifle de asalto, Pantro Puto le imprime a su guitarra un cóctel explosivo y sideral. Acompañado siempre de sus saltos olímpicos en conjunción entre rasguidos y brincos, en una escena casi gimnástica. Guitarra convertida en fusil, francotirador del sonido entre cuerdas. Balaceras distorsionadas escupidas desde el amplificador, análogas a una ametralladora PKM de fabricación soviética.

Las luces azules cubren el escenario. Parece la iluminación de un patrullero, esa que tantas sensaciones genera: desprecio, desánimo, paranoias, abusos, cacheos, balas con destinos pero sin dueños. Esto no va a detener el progreso del concierto, son sólo luces azules. El momento es aprovechado por los audaces músicos. Ejecutan…

Te persigue la policía, en navidad.
Te persigue la policía, el día de navidad.
Es la fiesta que te prometí

Chatrán Chatrán, la última incorporación de la banda, al mejor estilo Stereolab colchonea con sus teclados y unos coros muy sutiles, generando un trance espacial constante. Teclas “loopeadas” hacia el más allá, oficiando de bastidor en la tierra de los muertos.

Amanece con los muertos,
te deseo buena suerte…

Un flash intermitente ilumina a Niño Elefante. Al ver sus movimientos sólo hay una descripción posible en la manera de comunicarse con su instrumento: delicadeza. Que se puede entender como: lo frágil, lo suave, lo tierno, lo fino, lo sutil, lo ingenioso, lo suspicaz, lo escrupuloso y lo exquisito. Todas estas cualidades son inmanentes en la manera de tocar la guitarra de Niño. Con tintes y raíces en los slide de Yo la Tengo, pero con un estilo propio y destacado. Por momentos parece que el alma de Nick Drake intenta arrebatarle sonidos, notas… aún así su concentración y tranquilidad son propias de un té de Valeriana mixturado con un blister de Ketrolac.

Los fans deliran cuando el quinteto ejecuta Chica rutera, canción que abre Un millón de euros, el segundo disco de la trilogía motorizada. Todos coreando, algunos, los más osados, se dejan llevar y comienza el pogo. Un joven flaco, con una remera negra de Mal momento es levantado por sobre las cabezas de la masa; luego de aletear en el aire como un pez recién salido del agua cae al piso, pero se levanta como si nada y forma parte del mosh nuevamente.

Viajando por el cielo azul,
esperando el armagedón, vos y yo.
Contando los que morirán que conocemos.
Tu pelo rubio flota en el viento del huracán,
que todo lo destruirá, esta noche.

La toda abarcadora voz de Santiago Motorizado planea por las líneas de los bafles. Su postura pseudo sedentaria trasmite mística. Un timbre cargado de whiskys, drogas, paranoias, muertes y espíritus. Hálito punk con dulces melodías para regalar cariño. Su bajo no lo deja solo ni un segundo, es su marca - paso musical, y sabe cómo llevarlo para exponer todo lo que tiene de sí. Pocas palabras y mucha dedicación, sin exaltaciones, ni movimientos llamativos ni estereotipos ficticios para resaltar. Una manera única y salvaje de generar un magnetismo volcánico.

Mi voz desapareció, igual ya no hablaba bien.
Miro tu trono, Señor, y espero la salvación.
Se acercan las tormentas y yo mirando la pared,
besando la pared.
Igual, será mejor anunciar la oscuridad de la ciudad
y el renacer de este diciembre final,
Señor, me arden las manos.
Radiante estrella que hoy acabarás con la ciudad.
Miro tu trono, Señor, y espero la salvación.
Me arden las manos…

Arde también el nuevo trabajo de El mató a un policía motorizado.
En su cubil de Barrio Jardín están grabando las maquetas del próximo disco. Según comentan viajeros espaciales, ya tienen alrededor de quince canciones listas, y al parecer el disco se editará el año que viene.
Terminada la trilogía, es muy posible que este nuevo trabajo sea distinto a los demás y rompa con lo establecido hasta el momento por la banda.
Igual son sólo rumores, que, como se dijo antes, manejan los viajeros espaciales…

Habrá que esperar a que se concrete, para tener una visión más acabada con los hechos consumados.

Ah, El mató tocó en el Ayuntamiento el jueves 11 de noviembre, otra vez una presentación sin fisuras, sin chabacanerías… distinta a todo lo demás.


www.elmato.com.ar


Nicolás Schettino