Sábado 20/9, Ciclo de Colección, La casa del pueblo, El Afro + Prietto + El Mató
Terminan los últimos acordes del Afrito, (amar no es para los humanos, nos dirá con cierta razón y cierta locura) y arrancan los primeros de Prietto viaja al cosmos con Mariano. Los observamos sentaditos en el piso (nada de los agites que vemos con esta banda en Capital, con sus fieles seguidores un tanto sobrios aún como para romper el hielo); pasa la banda con Migue en guitarras - por la ya tan famosa tendinitis del lead singer- y desfilan temas nuevos como “Vacaciones”. No hay tanto cuelgue esta vez; claro las guitarras están en otras manos y se rigen más por la exactitud del tema que por las miradas cómplices entre Maxi y Mariano que hacen que un tema pueda terminar en cualquier lugar del cosmos…
Entremezzo para el plato fuerte: El mató. Me meo. Terror: la cola del baño de chicas. Algunas piden al Gato que custodie el de hombres y se meten ahí. Decido ir por la vía tradicional. Espero impaciente mi turno. Nunca entendí por qué las chicas tardan tanto, aunque sea apúrense por un tema de solidaridad. Observo a las platenses, es fácil distinguirlas, tienen pinta de chicas - bien, con taquitos, polleras a la rodilla, remeras ochentosas y medias can-can. Con mis amigos en cambio vamos vestidos como para un picadito o una guerra, y nos entregamos cual soldados o volantes de ida y vuelta a las delicias del pogo. Avanzo dos casilleros, como en el Juego de la Oca. Con la última gota suenan los primeros acordes de El mató y salgo corriendo. Por más atrás que esté, siempre llego a la primera fila, sería uno de mis poderes si fuera un personaje de la Play. La fiesta empezaba, a la par de que el cumple de mi amiga Barrios se diluía, llegaba a su fin. Pasaron las doce y nos deleitamos con otra noche de los muertos, posesionados como zombies al son de temas que nos llegan al alma, que nos secan las gargantas y que nos dan esa dosis de adrenalina que logran que nunca nos cansemos de verlos.
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Natalia Berninzoni
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