Dime qué se siente ser un chico tan copado
Javi Punga en Pura Vida (junto a La Moto y Sherman y los crocantes)
Viernes. Mis viejos me invitan a comer al Club Vasco, ¡súper! Vino tinto, pescados a la crema con papas noisette. Inmejorable comienzo de noche. Les digo que me dejen en Pura Vida a la vuelta, y mientras vamos en el auto nos acordamos de cómo a mi viejo siempre le gustó hacerme pasar vergüenza en las puertas de las fiestas y boliches (a veces incluso entrando y mezclándose con la gente), en mis tiernos años de preadolescencia.
Chiste casi obligado, apenas bajo me grita: “¡Cualquier cosa llamá!”. Cara del patovica: “¿DNI?”. Pfff. Antes de empezar a explicarle que no lo tengo, aparece Luigi, el bajista de Punga, que sale de atrás de un árbol: “Viene con nosotros”. Bien. Siempre me pregunté si me reconocía. “¿Cómo estás, flaca?”. Flaca es igual a: no tiene ni idea mi nombre. Poco importa, estamos adentro con un vaso de lo que será la vedette de la noche, campari con jugo de pomelo. Me siento un turista del mundo.
A pesar de ser la una y media, esto está en pañales. En La Moto toca un chabón que actuaba en Verano del `98. Este diálogo se va a repetir casi inalterable en distintos grupos de personas:
-¿Sabés cuál te digo? El de veranodelnoventaiocho, uno de ojos claros…
-Mmno, cuál…
-Uno que tenía camisas lindas…
-El de rastas no era, ¿no?
-Noo… uno que después actuó en unas películas de Acuña
-…
-Ahí está, ese que está ahí
-Aaaaah, siiii… ¡ese me gustaba!
Van a pasar unas horas, y la vedette se verá alterada en su composición al acabarse el pomelo, que va a dar paso al campari-tónica, para que empiece Javi Punga.
Es una formación nueva. No está la percusionista, y la verdad que ese sonido de chiquitaje se extraña un poco. Igual lo que logran está bueno. El guitarrista lo deja todo, arreglos exactos en momentos oportunos, mucha distorsión, y movimientos escénicos muy noise que hacen que todos nos sintamos bien (¿se acuerdan de Escuela de rock? Un emotivo manual sobre actitud rockera).
La línea de bajo no para nunca. Suena como mejor le queda a un bajo, para adelante, sosteniendo al resto, manejando la tensión, con arreglos esporádicos que no resultan invasivos. Una rampa de la muerte por donde se deslizan los demás.
La gente baila, y se siente el espíritu de Pura Vida a pleno. Javi la pasa bien, y eso se nota. Su actitud lúdica frente a la vida en general es contagiosa, y en la forma de presentar sus recitales aparecen detalles (como elegir la lista de temas en vivo mediante una especie de ruleta, o repartir anteojos 3D para verlo) que nos hacen pensar en un mundo mejor. Lo mismo pasa con sus canciones, como el himno MDMA, con pasajes de un lirismo pop surrealista adorable. Y es que escuchar a Javi Punga es como caminar por la ciudad a la hora de la merienda, un lugar donde siempre brilla el sol, diría La Casa Azul.
Un recorrido por su nuevo disco, El árbol de la vida, y los viejos y buenos éxitos de Manzanas deliciosas. Un viaje a la niñez, pero con drogas. Creo que todos la pasamos genial.
www.myspace.com/javierpunga
Laura Suárez |