El mató a un policía motorizado arribó al estadio Pepsi Music

Al caer la tarde del sábado 15 de junio en el ex micro estadio de Obras Sanitarias, los El Mató a un Policía Motorizado subieron por primera vez en su historia al mítico escenario para dar comienzo al cumpleaños de El Otro Yo, al que también fueron invitados conjuntos de la escena under porteña como Shaila y Charly 3.

Sobre el campo casi lleno y parte de la platea ya se bajaron los reflectores principales y en la oscuridad del escenario aparecen cuatro siluetas en movimiento que provocan aplausos cálidos, de bienvenida, por parte del público en su mayoría adolescente. Ni buenas noches, se encienden las luces del escenario principal y explota “El héroe de la navidad”. Arrancan con mucha fuerza. A estos cuatro pibes se los ve bien. Todo suena en orden, las guitarras fuertes y notables, el redoblante súper contundente, el bajo y la voz también. La gente les presta atención.

Cuando se disipa el sonido de la primera canción Santiago Motorizado saluda a los espectadores. Viene “Navidad en los santos” y pegada “Chica rutera”. La empieza con un acorde sutil Niño Elefante, aislado a un costado del tablado, displicente y mirando el piso. Cuando se dinamita el primer estribillo, “eh eh eh chica ruteeeraaaa, chica ruteeeraaaa!” abajo bailan, las cabezas se mueven de arriba a abajo o de hombro a hombro; todos parecen estar contentos y eso es bueno.

Al acabar la pieza en un mar de distorsiones asnales, no quieren dar respiro y arrancan una de sus mejores creaciones: “Tormenta Roja”, que pertenece al primer disco que lleva el nombre de la banda y que recientemente está reeditado. No todos la conocen pero de igual manera asimilan la trova que grita con el alma el cantante y bajista Santiago Motorizado produciendo que el “son para mi, regalos de vos, mirando el piso asustado” sea coreado por las personas que se encuentran allí contagiadas por la propuesta.

Casi enseguida empieza a sonar muy de abajo “Viejo ebrio y perdido”; las luces bajan su intensidad y el público acompaña con palmas el ritmo que nunca pierde el baterista Doctora Muerte, que incesantemente está con la cabeza gacha y los ojos enfocados en los golpes de los palillos contra los parches y los platos. Tiene incorporado el sentido del tiempo porque es el equilibrio mentor que guía a una banda que es capaz de hacer mover y enardecer al micro estadio.

Los El Mató se toman por fin un respiro; el portavoz Santiago aprovecha para agradecerle la invitación al Otro Yo y a los presentes. Después llega otro hit, “Amigo Piedra”, una canción que rompe el molde porque es una emotiva balada que culmina con la misma fuerza que tiene una hinchada cuando el equipo deja todo para buscar el empate.

Llega casi el final de la fuga con otra de las mejores (para muchos escuchas) canciones del conjunto, “Guitarra Comunista”. Arranca y a medida que se ejecuta, el guitarrista Pantro Puto, de aspecto lánguido y con la mirada serena, acompaña el ritmo con suaves movimientos corporales. Camina hacia adelante y vuelve sobre el frente del amplificador que parece golpearle la espalada con el sonido. Pero no le importa, porque por momentos da la sensación que está poseído por la música, en un trance que le transmite energías que lo hacen mover de un lado al otro, como un trompo que no para, que no tiene fin. Culmina la canción y entre aplausos Santiago Motorizado se despide de los espectadores que cantaron, sonrieron y bailaron diciendo apaciguado “nosotros nos tenemos que ir a nuestras casas; gracias y nos vemos otros día”.

Pero aún faltaba algo más, el cierre a cargo de “Prenderte Fuego”, que comienza con guitarras sutiles y limpias. Después mutan con el resto de los instrumentos en un caos de distorsiones, parches, bombos y platos que estallan continuamente. La canción rompe su molde y se estira. Niño Elefante raspa y raspa, si la púa fuese una gillette bajo sus golpes secos podría cortar las seis cuerdas provocando una explosión de latigazos sin rumbo alguno. En el centro, Santiago toma el bajo como si fuese un fusil cargado para hacer mira en una caja de luz que cumple su función en uno de los extremos de la cubierta del escenario, después se tira de espaldas al piso y continúa machacando el instrumento. La gente también parece estar desbordada, salta y poguea hasta que el sonido se pierde lentamente como el ruido de un tren que se aleja de la estación.

Es el fin del show, los aplausos del público aprueban un concierto excelente, plasmado bajo un rotundo sonido y en una colección de canciones de los tres discos editados (El mató a un policía motorizado, Navidad de reserva y Un millón de euros).

Ahora sólo les queda volver a sus hogares viajando en combi por la autopista hacia a La Plata. Los que vayan despiertos seguro hablarán de todas las sensaciones que vivieron en la noche y los que dormirán querrán soñar con la vuelta para seguir haciendo historia.



Marcos Abelleira