Hoy siglo XXI las banderas del punk ’77 siguen en pie y actualizándose día a día. En el caso de los Demencia se conjugan con extraña facilidad, ya que asumen que los pibes ya no son tan pibes y los pelos en la barba ya no son esos pendejitos que asomaban, ahora son barbas tupidas. Al que desconoce el juego dirá de qué banderas habla este don-nadie y es ahí en donde el disco se hace fuerte y muestra huevos, desde la autogestión como bandera y el hacerlo bien como hecho hasta ser cronistas de su época, de sus barrios, de sus amores y de su gente sin miedo a caer en lugares comunes. Es en la nostalgia donde se pasea el disco y hace de ella una impronta que sirve para entender que no añoran ese pasado sino que son cicatrices que se portan por haber vivido, por haber hecho algo con la vida. Puede que nadie valore el trabajo artesanal de poner en la cancha lo que los pibes ofrecen, casi seguro que la gran industria dará la espalda, pero como resistir es vencer, ya ganaron. El tema no es el resultado de la pelea entre Frank Grimes Vs Homero sino que esa pelea existe y es real. Larga vida a Demencia y que la locura dure el tiempo que tenga durar.