Reno – Crudo (Laptra Discos – 2011)
Estos días de lluvia hicieron que no salga mucho de mi casa. Tengo una tendencia natural al sedentarismo que sin embargo a veces logro vencer. Por eso un día en que decidí desafiar al clima y hacer una caminata por la ciudad, en busca de alguna cosa no muy importante, me sentí realmente bien. Iba escuchando Blonde on blonde de Dylan, que hacía tiempo no escuchaba, y empecé a pensar que las cosas no deberían ser tan complicadas (y a riesgo de sonar como Avril Lavigne voy a dejar esa frase). Hay que enfrentarse a las viejas trampas mentales que nos solemos poner, y me acordé del bueno de Marky diciendo “¿por qué no te escribís una nota del disco de Reno?”
¿Y por qué no lo hacía? Con las zapatillas que se iban mojando me dispuse a dejar de lado el desánimo fácil y los bloqueos para la composición blefarianos, y cuando volví a mi casa a disfrutar de lo genial de los contrastes (esto es sabido: se aprecia más el calor del hogar cuando estuviste a la intemperie), puse el disco de Reno a ver qué podía decir al respecto.
Lo cierto es que tal vez no tenga mucho para decir. Porque precisamente la simpleza es lo que lo caracteriza, la espontaneidad del disco grabado en una sola toma, y cada adjetivo que pueda escribir molesta y parece estar de más. Reno Crudo tiene los temas que Reno fue grabando, tanto solista como con sus queridos castores, en otros discos anteriores, pero despojados de absolutamente todo. Voz, guitarra y armónica: es como asomarse por la ventana desde el techo de chapas y espiar a Reno en la intimidad de su cuarto-casa, acostado en la cama, fumando un cigarrillo como debe hacerlo todo cantante folk, rodeado de posters y cosas, soñando con un viaje de provincia en un Renault 12, una nave de los ochenta, al taco.
Los diez temas que componen el disco aparecen catalogados como folks y alguna variante: punk, rock, blues, canción, grunge o sólo folk. Un poco una manera de entender de dónde provienen, en esta fabrica multifacética de canciones que es Reno: así se palpa una estructura primigenia más, por ejemplo, grunge, afolklorizada (¿eso existe?) para la ocasión. Diez temas donde la lírica lo absorbe todo, describiendo un universo renal que concentra amistad, desamores, lecturas de Melville y viajes, encabezado por un epígrafe del siempre rutero Kerouac (el final de La vanidad de los Duluoz), que termina de cerrar esta imagen ya perfilada como beat.
La historia reza que el periodista Juan Manuel Strassburger (que, muy a lo Dallas se autodenomina J.M.S. en el interior del CD), luego de escuchar un recital de Reno en un teatro en Villa Crespo, quiso materializar en un disco la esencia misma de la sesión en vivo, dando origen a Reno Crudo. Lo grabaron con un iPhone, y ciertamente lograron mantener el espíritu despreocupado del momento.
El arte de tapa y el diseño quedaron a cargo del ya reconocido Gastón Olmos (que cuenta con varias ilustraciones en su haber en el mundo de la música, sobre todo las que componen la estética general de los 107 Faunos). Y ya, es todo lo que puedo decir. Lo mejor es que escuchen el disco por su propia cuenta y se dejen llevar, quemando goma por la carretera y con el sol pegándoles un tanto.
Mis mejores deseos, nos vemos en el auto.
www.renoruidos.com.ar
Laura Suárez
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