Hace dos veranos, Koyi Kabutto –ex piloto del fundamental Grupo Mazinger– voló en misión secreta desde su cuartel en el DF mexicano hasta la ciudad cuadrada. Discretamente camufladas bajo el azul cegador de su camisa hawaiana, traía algunas canciones que dejó en manos de sus cómplices de siempre. Doctora Muerte fue, en este largo año y medio, el tesorero de las ocho codiciadas joyas de Koyi. Con la ayuda del también motorizado Niño Elefante (viola), de los Nekos Tom (batería y percusión) y Peta (teclados, además de la mezcla y masterización finales) y del Fauno Olmos (el encantador arte psicopop del disco), DM pulió y dio esplendor a un pequeño, maravilloso, brillante álbum que hoy se llama Pelícanos.
No es difícil entender, al escuchar Pelícanos, por qué todos ellos –y tantos otros– describen a Koyi como genio, maestro, mentor o todo eso a la vez. Del trémolo “Movimiento sísmico” del comienzo al irresistible “Sígueme” del final, Koyi exhibe sin alardes su repertorio de virtudes: talento para la miniatura pop despojada y precisa; una lírica tan simple como graciosa; la voz y el pulso confiados de quien se sabe persiguiendo causas nobles.
De entre estas canciones para mañanas de invierno sobresale la que da título al disco, un clásico instantáneo que en dos minutos nos transporta a un atardecer en la orilla del mar y poco menos que obliga a seguir su ritmo con el pie, mientras coreamos de los pelícanos,de los pelícanooos. “Estoy listo” es otra cumbre del pop juguetón y pegadizo. A lomo de armónica, se sumerge en las profundidades marinas con una letra prestada de Bob Esponja, la película: estoy listo, ascenso; estoy listo, tristeza. Y claro: como el habitante más famoso de Fondo de Bikini, Koyi Kabutto es ponja. ¡Está bieeen!