Definitivamente de algún estudio casero de la ciudad de La Plata, bajo la nostalgia del pop punk rock de principios de este siglo, emergieron 4 canciones que conforman el primer EP de Los Bicivoladores.
Aunque al parecer no tienen numerosas presentaciones cargadas en sus espaldas, se puede imaginar a este grupo de pos-adolescentes caminando por las diagonales de la localidad con zapatillas de lona, chupines, camperas de jean y bufandas escocesas hasta llegar a la sala de ensayo para enchufar y practicar. Después de una primera y segunda vuelta, ese sonido ajustado que rebotaría hasta disiparse en un cuarto de cuatro paredes sin ventanas confluye en Disparale al miedo: una apertura de ágiles riffs, acompañada por rápidas notas graves flotando sobre la marca del bombo, tacho y hi hat, generan diacrónicamente cierta emotividad cancionera.
La intensidad y el pulso disminuyen considerablemente. Las melodías de Breaking on the night son apropiadas para adormecerse sobre una hamaca paraguaya mientras caen los últimos rayos de sol de la tarde.
El sueño se eterniza con La nada: cálidas voces recorren las últimas playas del poblado acompañadas por el envolvente viento de una melódica que hace llorar a los pocos bañistas que quedan. Minutos después los médanos se hunden abriéndole paso al mar y en lo alto algunos parapentes de colores flamean hacia el sur.
Como no podía ser de otra manera, el despertar es espasmódico. El estribillo de Viaja cassette busca almas es una granada de mano que detona dentro del armario. Otras distorsiones y estampidos siguen hasta que renace la falsa calma.
De repente se agotó el tiempo. Los Bicivoladores apagan los equipos, enfundan sin limpiar los instrumentos y luego salen a tomar un poco de fresco.