El futuro

Esto se empieza a acabar, amigos, pero todavía no se termina del todo. El 2012 nos encontrará sin Cintas Originales –snif–, cantando bajo la lluvia de fuego maya, o quién sabe haciendo qué pavadas. ¿No hay futuro? Ni tanto ni tan poco: justo antes de que apagáramos la luz (y no precisamente por el temita de los subsidios) de este diciembre semifinal, llegó a la redacción antes-conocida-como-el-loft-de-Carlín un adelanto de lo que viene lo que viene en la galaxia Laptra. Con la juventud maravillosa –The Hojas Secas, Mapa de Bits...–convertida desde temprano en realidad cantante y sonante, es tiempo de (los más más) jóvenes. “Inmersión”, “Alud” y “Consunción infame” son los nombres en clave para entender hacia dónde apuntan los rugidos de la familia del tigre. El apellido es uno, y bien conocido por quienes frecuentamos estos andurriales (o el disputadísimo mini-mundial de fútbol 5 nuestro de cada lunes): Sisti. Ni Gato ni FX, Varo –que de él hablamos: el gigante con corazón dorado y oído biónico, el mayor de los hermanos menores, Phil Spector sin la demencia criminal y embutido en el cuerpo de Pappo– se calza la camiseta 107 sólo por deporte, cuando la ocasión lo amerita. Últimamente, sus paraderos más estables han sido formando equipo con Reno para el crooneresco Piano antro y aporreando teclados con una mezcla virtuosa de elegancia y furia para los ya nombrados MdB. Mientras tanto, ahora lo sabemos, pavimentaba en soledad los caminos del mañana. “Inmersión”, “Alud” y “Consunción infame”: tomen nota, aunque todo pueda llamarse de una forma hoy y de otro pasado. En tres tremendos movimientos –de cámara, tanto en el sentido cinematográfico como musical de la expresión–, el fantástico Varo empieza a darle forma a la banda sonora del Apocalipsis por venir. Sólo en la parada intermedia, “Alud”, se escucha su voz, apropiadamente cavernosa y distante, acompañando la exploración de un paisaje sintético (que en “Inmersión” parece remontarse tanto a la Varsovia de Joy Division como a la arquitectura más radical de Kraftwerk sin ser ninguna de las dos cosas; en cualquier caso, evoca cierta oscuridad explosiva de los primeros ’80) que, para cuando llega “Consunción infame”, se ha vuelto completamente hipnótico. Tres anti-canciones complejas sólo en apariencia; climáticas y potentes en esencia, que dejan cierta ansiedad por saber cómo encastran en el todo de un álbum pero la tranquilidad de que, con cracks como Varo, el futuro está garantizado. Y si quiere venir la fin absolue du monde que venga: va a ser un buen finde.

Agustín Masaedo