No tan solo
“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. Así comienza el capítulo número uno de Rayuela, una de las grandes obras literarias de la historia. Y más o menos así se produjo nuestro encuentro: sin buscarnos, pero encontrándonos. Si este mundo es muy pequeño, ¿cuán grande puede ser esta ciudad? Diego Martez y yo nos dimos cuenta de que estábamos en familia, no había de qué preocuparse. Nos sentamos en un bar, entonces, y arrojamos esta historia sobre la mesa.
¿Cómo definir a Diego Martez? Bueno, ante todo es un melómano eterno, eso no se puede negar. Escucha todo tipo de música, pero no le gusta la cumbia ni el reggaeton. Toca la guitarra, estudia canto, enseña música, aprendió a tocar el bajo casi por una cuestión laboral. “Me di cuenta de que me quiero dedicar a mis canciones y no me interesa ganar plata. Si gano plata espero que sea con mis discos y el trabajo que yo estoy haciendo. No me dedico a otra cosa, puedo dar clases, pero es eso, me dedico a la música, y me preocupo por eso, que para mí es un trabajo. Quiero hacer recitales, y que pasen las cosas que están pasando”, cuenta, mientras en el bar suena un tema de María Elena Walsh.
Diego Martez surge como continuación de una banda que se llamaba Martez, y que tocaba a fines de 1999. Ese proyecto venía, a su vez, de otra banda llamada Lado B. Diego ni siquiera quería cantar, quería ser guitarrista, pero se fue reciclando y evolucionando, y por cosas de la vida terminó frente al micrófono. Entre idas y vueltas, entre músicos que iban y que venían, decidió grabar su primer disco solista. “Es un disco medio hijo, que lo hice en una casa”, dice, orgulloso.
Luego editó su segundo trabajo de estudio: Plástico. Pero antes, participó como bajista de una banda tributo al cantautor español Ismael Serrano. “La banda la armó un amigo, entonces me pidió que tocara el bajo. A mí Ismael Serrano me gusta, y le dije que sí. Me puse a sacar los temas, yo no sabía tocar el bajo, fue un trabajo muy interesante aprender a tocar un instrumento. Empezó a ir bien, cobrábamos muy buena plata, una vez casi llenamos un teatro. No se muy bien cómo pasó, a las chicas les gusta evidentemente. Yo no sabía que seguía pasando esto de los tributos”, explica Diego Martez. Pero aunque con esta banda cobraba algún dinero interesante, no era lo que le llenaba el alma. Si una persona lloraba conmovida cuando escuchaba Principio de Incertidumbre, lloraba por una composición de Serrano, y no suya. Y eso no era lo que Diego estaba buscando para su vida, así que abandonó el bajo. “Es algo de lo que yo reniego, porque la pasé muy bien, pero no era lo mío. Además yo estaba en otro lado, ya estaba grabando Plástico”.
Tardó algunos años, entre vaivenes económicos y de la vida en general, en editar este disco. Pero finalmente en marzo de este año, los nuevos temas vieron la luz del día. Nuevos para nosotros, el público, porque para Diego ya tenían algunos años. Fue entonces cuando comenzó a pensar en su tercer disco. Diego Martez no puede poner un freno a sus ganas de crear. “Es un disco que me iba a salir casi 10 mil pesos. Que es una guarangada. Cuando me di cuenta que no tenía esa plata, dije, bueno, lo grabaré en diez años. Entonces me encontré con Luciano Caselli”. Y ahora la historia se pone interesante: Diego afirma que por Caselli pone corazón y manos en el fuego. Lo cual no es poco, teniendo en cuenta la sensibilidad de ese corazón y la maravilla de esas manos guitarreras. Lo cierto es que no sólo hará las veces de productor artístico, sino también de productor ejecutivo, junto a Juan Pablo Manes. Un golazo para él, y para cualquier músico que se mueva en el circuito under de la ciudad de La Plata. Además, Diego rescata otro aspecto: “Eso también hace que no esté tan solo”.
Si bien disfruta de los beneficios de ser solista (algo así como mi guitarra y yo), también es gratificante formar parte de un grupo. En ese sentido, Diego Martez encontró compañía: el colectivo de músicos Tocate Mil. “Formando parte de una comunidad no te sentís tan solo. Te gusta la soledad, pero no te sentís tan solo porque hay otros que están en la misma situación que vos. Son cosas que está re bueno que pasen. Estoy en contención con otra gente, y eso me parece fundamental. Durante mucho tiempo yo estuve solo, con mi viola”, explica.
Actualmente, Diego Martez se está preparando para entrar en el estudio de grabación, a la vez que espera que se reprogramen todas las fechas que la gripe A se llevó. Entre ellas, una presentación en el Centro Cultural Islas Malvinas junto con Rosal, fecha que está esperando con mucha ansiedad y ganas. Quiere volver a subir al escenario, aunque la autenticidad de sus composiciones lo hagan sentir desnudo ante el público. Pero no sólo son nervios, también pasan cosas buenas que hacen que valga la pena. “Si a alguien que escucha un tema mío se le tiene que caer una lágrima, que se le caiga, creo que eso es lo fundamental. Está bueno que le pase algo. Todo lo que hago no sería nada si no hubiera gente que lo estuviera escuchando”.
http://www.myspace.com/diegomartezx
Ana Clara Bormida
|