Menú del día: SUPERVINILOS al plato
Hagamos una receta. Un testeo de nuestros saberes culinarios, trasladados al mundo de la música. Dispongamos sobre la mesa una buena cantidad de melodías, se recomienda poco monótonas, para agregarle dulzura al producto final. Buenos estribillos de esos que añaden gustito y hacen que tengamos ganas de repetir el plato. Poesías espolvoreadas con rimas, una pizca nomás para no caer en la repetición absurda. Las poesías como se sabe siempre es mejor tenerlas en casa de nuestra propia cosecha. Las que venden en los mercados son transgénicas y tienen gusto a plástico. Si dejamos la receta allí podemos conseguir unas ricas golosinas o un postre. Pero tenemos hambre. Queremos llenarnos hasta quedar panzones. Por eso hagamos una buena masa con una base de guitarras eléctricas rifferas y electroacústicas, bastante bajo para darle consistencia y batería crocante. Teclado a piacere.
Esto lo servimos preferentemente de noche. Quien guste podrá acompañarlo con un vino tinto. Pero, recomendación del chef mediante, una cerveza bien fría es ideal para disfrutar de este plato. Supervinilos es cocina de autor, música deliciosa.
A principios del 2009 en La Plata, en una banda de rock con un año de trayectoria, dos de sus integrantes deciden irse. Entonces entran otros, se cambian el nombre y salen a la cancha con nueva camiseta. A partir de ese momento nacen los Supervinilos tal como se conocen hoy. Supervinilos, hay que decirlo, es una banda de rock. Con todo lo que eso supone. Pero también con otras cosas que una banda de rock no supone: detrás de todo hay una canción. Pablo José, cantante, tecladista y compositor, gusta sobre todo de salirse de los moldes. Y busca ir más allá en la forma de crear, buscando siempre dar una vuelta de tuerca, y luego otra y luego otra. Entonces un blues de amor se transforma en un blues de reproche y se convierte en “Blues para una mujer que no entendió nada”. Donde “Bancatelá mujer” y “Ahora me pides una explicación que no la tengo” son gritos que quiebran la base adormecedora del tema. El amor es uno de los tópicos en las poesías de los Supervinilos. El amor a las mujeres preciosas que también son fatales, como la que no entendió nada o como la que le dio tanto amor que “se quedó panzón”.
Los Supervinilos en vivo no paran de moverse. El cuerpo, es parte de las canciones. Como dijo un espectador, quien prefirió mantenerse en off the record para no arruinar su reputación como uno de los más reconocidos teóricos austríacos de la comunicación humana, “Todo comunica, y cuando estos pibes se mueven, me dicen muchas cosas”. Es así que Pablo, al mando del micrófono derrocha baile al ritmo de la música, y la banda lo sigue, y el público también y las canciones entonces son mucho más.
En la etapa actual de la banda, mientras siguen tocando en distintos escenarios, los Supervinilos preparan temas nuevos. Sin repetir fórmulas, este momento los encuentra maduros y con un lugar propio donde ensayar y componer. Sin quedarse con lo que tienen buscan ir más allá experimentando nuevos sonidos. Es así que en las últimas presentaciones mostraron nuevas canciones que dan cuenta de esta exploración, además de modificar los temas viejos y agregar una trompeta. “Estoy en Bariloche nena porque antes me pusieron un Roche” cantan en “Bariloche” mientras el recital explota.
La mesa está servida, ahora a comer. Ya se dijo, Supervinilos nos deja panzones.
Buenas canciones tocadas por una muy buena banda, no se puede pedir más.
O si, quien guste repetir porción. Bon appétit.
Los músicos que integran Supervinilos son: Pablo José (teclado y voz), Nicolás Adrover (primera guitarra y coros), Javier Álvarez (guitarra), Nicolás Soruco (guitarra), Juan Pablo Bosco (bajo y coros), Cristian de Isasi (batería y coros) y Aníbal Juárez (trompeta).
www.myspace.com/supervinilosrock
Juan Manuel Artero
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